Cuando descubrí la existencia del Bubble Hotel en tierras catalanas, sentí una mezcla de curiosidad y escepticismo. Una burbuja. ¿En serio? Mi imaginación voló hacia estructuras de ciencia ficción, pensando que la experiencia real distaría mucho de esas visiones cinematográficas. No obstante, tras vivir la experiencia en persona, quedé totalmente cautivado. Se trata de una estancia que, pese a su aspecto frágil, proporciona un momento irrepetible. Estando dentro, percibes que es mucho más que una cama; es un concepto que redefine lo que entendemos por hospedaje.